sábado, 9 de junio de 2012

Pensar de más

Hola. Sí, simplemente hola. No quiero empezar con una oración de increíble talento literario, no tengo ganas y hasta creo que no tengo la capacidad. Ni lo intento esta vez. ¿Será que me agarraron en un momento en el que mi autoestima se encuentra baja? ¿O será que mi vagancia, fruto de un trasfondo más profundo y complejo, decidió acentuarse pero aún dejando las ganas de escribir aunque sea "algo"?

No sé. Permítanme aludir a aquella frase que no puede faltar, de unos de los grandes filósofos griegos: "yo sólo se que no se nada".

Me encuentro abrumada por la desmesurada cantidad de estímulos que recibo diariamente -voces, ruidos, movimientos- sumado a las presiones sociales (de las cuales no soy fiel seguidora pero aún así me afectan) y personales-responsabilidades, tareas, asuntos inconclusos, falta de realización de mi persona, mal de amores. 
Tirada en mi cama con la computadora en mi regazo, que gracias a la ciencia (y no a "Dios"), calienta mis muslos en este frío invernal, sufro de la constante inercia que no me permite mover. Son las 20.56. 

En este rinconcito de mi pequeño cuarto estoy segura. Aislada de todo aquello que me llegó a abrumar. Rechazando esa invasión de estímulos ajenos y presiones mentales que tanto me sofoca, intento no pensar. Dejar mi mente en blanco al menos unos minutos. No puedo más.

Es curioso, inclusive cómico que siendo tan joven, llevando esta vida de múltiples oportunidades y sin problemas en satisfacer las necesidades básicas sienta que no doy para más. Ojo, no me juzguen. Sí, soy vaga, si, me dejo afectar fácil incluso, pero también soy de mente pensante. Pienso tanto que no logró llevar a la acción ninguno de mis pensamientos. Pienso tanto que me cuestiono hasta lo más habitual y cotidiano. Inclusive empiezo a pensar que mi mente es una persona aparte que me sometió a su imperio de nunca callar. ¿Me estaré volviendo loca?

No pretendo hacer un juicio de valor acerca de las ventajas y desventajas de esta cualidad pero como ya dije, mi mente, fuera de mí, la hace y mis manos son simplemente la vía por la que este pensamiento se manifiesta. Pienso demasiado, ya es un exceso. No me malinterpreten, no crean que mis palabras tienen tan sólo una pizca de vanidad porque no es así. De hecho, lo encuentro un defecto en muchos casos.

Eso sí, no me dejo llevar por la masa, por las estructuras sociales impuestas hace décadas atrás, por nada antes de replanteármelo una y otra vez. Pienso, pienso, pienso. Generalmente de una manera descreída y pesimista, pero no para quejarme... acepto la negatividad de las cosas, acepto lo hecho mierda que está todo, incluso la maldad de ciertas personas. No dejo que me hunda en un precipicio de deprimente disgusto. Me concientizo.

En algún sentido me enorgullece no ser una mente tibia y en cambio reflexionar sobre los hechos sociales y el accionar humano (y no sólo humano). Admiro mis ganas de querer crear una opinión para todo, firme y con fundamentos pero sin necesidad de decirla a menos que me la pidan o de para contarla. 
Sin embargo, esto que valoro y rescato de mi parece desvanecerse cuando mi cabeza empieza a desgastarse y comienza a asomarse el cansancio mental. No es algo que yo maneje, no es algo que pueda controlar, está en mis venas, soy así, desconfió y pienso. Pienso tanto que no hago. 

Aquí me encuentro nuevamente, en mi querido y fiel compañero colchón en el piso, como siempre, pensando. Por lo menos esta vez lo escribo aunque no lo haga con una magia de deslumbrante elementos literarios. Con mi pasivo accionar y mi activa mente, déjenme decirles... no es la primera vez que me encontraran así.




2 comentarios:

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  2. Pensar no es malo, lo considero una virtud, pensar mucho puede ser agotador por momentos, pero el único tema a resolver de pensar es cuando no te hace bien, no es el pensar, son los pensamientos. El truco está en aprender a ser observador de esa conversación en tu mente, sabiendo que no somos esos pensamientos, sino el ser que los contempla y posteriormente elije, solo hay que llevarlo a la acción. Pensamiento, palabra y acción deben, a mi parecer, ser uno mismo. Creo yo que lo necesitas es justamente poner en práctica alguno de tus objetivos, pensamientos, sueños o metas, elegí uno y dale para adelante, con todo tu ser, a medida que empieces a exteriorizar los pensamientos se transforman, otros se disuelven. Un propósito, por mas pequeño que te parezca, cambia toda tu perspectiva. Te quiero, Abrazos, infinitos.

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