martes, 12 de junio de 2012

Viejo desesperanzado


Con una furia descabellada
Sus palabras salen disparadas
Y como balas en el viento
Impactan en mi cuerpo

Aquellos ojos enceguecidos
De una mente adormecida
Expresan con vehemencia
Un miedo atroz

¿Qué tan altas son tus paredes hombre,
Aquellas que no te dejan ver con claridad?
Son asuntos inconclusos los que llevan a esta implacable insensibilidad

Mártir de tus pensamientos
Verdugo de mi libertad
Esclavo de tus cadenas que te mantienen donde estas
Una mente limitada
Con miedo a la verdad

¿Por qué corres huyendo de la realidad,
queriendo callar la voz del que sí se supo rebelar?
Mira en tu interior y piensa cuánto tiempo más
Sosegaras esa locura natural
Víctima de la estructura social

sábado, 9 de junio de 2012

Pensar de más

Hola. Sí, simplemente hola. No quiero empezar con una oración de increíble talento literario, no tengo ganas y hasta creo que no tengo la capacidad. Ni lo intento esta vez. ¿Será que me agarraron en un momento en el que mi autoestima se encuentra baja? ¿O será que mi vagancia, fruto de un trasfondo más profundo y complejo, decidió acentuarse pero aún dejando las ganas de escribir aunque sea "algo"?

No sé. Permítanme aludir a aquella frase que no puede faltar, de unos de los grandes filósofos griegos: "yo sólo se que no se nada".

Me encuentro abrumada por la desmesurada cantidad de estímulos que recibo diariamente -voces, ruidos, movimientos- sumado a las presiones sociales (de las cuales no soy fiel seguidora pero aún así me afectan) y personales-responsabilidades, tareas, asuntos inconclusos, falta de realización de mi persona, mal de amores. 
Tirada en mi cama con la computadora en mi regazo, que gracias a la ciencia (y no a "Dios"), calienta mis muslos en este frío invernal, sufro de la constante inercia que no me permite mover. Son las 20.56. 

En este rinconcito de mi pequeño cuarto estoy segura. Aislada de todo aquello que me llegó a abrumar. Rechazando esa invasión de estímulos ajenos y presiones mentales que tanto me sofoca, intento no pensar. Dejar mi mente en blanco al menos unos minutos. No puedo más.

Es curioso, inclusive cómico que siendo tan joven, llevando esta vida de múltiples oportunidades y sin problemas en satisfacer las necesidades básicas sienta que no doy para más. Ojo, no me juzguen. Sí, soy vaga, si, me dejo afectar fácil incluso, pero también soy de mente pensante. Pienso tanto que no logró llevar a la acción ninguno de mis pensamientos. Pienso tanto que me cuestiono hasta lo más habitual y cotidiano. Inclusive empiezo a pensar que mi mente es una persona aparte que me sometió a su imperio de nunca callar. ¿Me estaré volviendo loca?

No pretendo hacer un juicio de valor acerca de las ventajas y desventajas de esta cualidad pero como ya dije, mi mente, fuera de mí, la hace y mis manos son simplemente la vía por la que este pensamiento se manifiesta. Pienso demasiado, ya es un exceso. No me malinterpreten, no crean que mis palabras tienen tan sólo una pizca de vanidad porque no es así. De hecho, lo encuentro un defecto en muchos casos.

Eso sí, no me dejo llevar por la masa, por las estructuras sociales impuestas hace décadas atrás, por nada antes de replanteármelo una y otra vez. Pienso, pienso, pienso. Generalmente de una manera descreída y pesimista, pero no para quejarme... acepto la negatividad de las cosas, acepto lo hecho mierda que está todo, incluso la maldad de ciertas personas. No dejo que me hunda en un precipicio de deprimente disgusto. Me concientizo.

En algún sentido me enorgullece no ser una mente tibia y en cambio reflexionar sobre los hechos sociales y el accionar humano (y no sólo humano). Admiro mis ganas de querer crear una opinión para todo, firme y con fundamentos pero sin necesidad de decirla a menos que me la pidan o de para contarla. 
Sin embargo, esto que valoro y rescato de mi parece desvanecerse cuando mi cabeza empieza a desgastarse y comienza a asomarse el cansancio mental. No es algo que yo maneje, no es algo que pueda controlar, está en mis venas, soy así, desconfió y pienso. Pienso tanto que no hago. 

Aquí me encuentro nuevamente, en mi querido y fiel compañero colchón en el piso, como siempre, pensando. Por lo menos esta vez lo escribo aunque no lo haga con una magia de deslumbrante elementos literarios. Con mi pasivo accionar y mi activa mente, déjenme decirles... no es la primera vez que me encontraran así.




jueves, 7 de junio de 2012

Pensamientos I


Nadie advirtió que una vez que llegabas a sentir el viento te encontrabas con la multiplicación de senderos. Nadie lo dijo.
Me cargué la mochila y cavé sobre aquellos obstáculos que no me dejaban sentir la fuerza de la libertad, pero ahora no tengo nada más que un pozo ciego. Aquél que como por arte de magia se multiplicó. Qué lindo es sentir el viento pero ¿me tengo que dejar llevar por él o crear mi propia corriente? ¿Y si la creo, hacia dónde? ¿Y si me equivoco?
Pienso que el tiempo lo tengo, el tiempo es mío y de nadie más. Pero ¿será? Al fin y al cabo la apertura mental y del alma también deja lugar para las equivocaciones. ¿Y si me equivoco? ¿Es realmente un problema?

¿Qué me pasa? ¿A dónde voy?

Tenía todo en claro hasta que sentí a flor de piel las variedades de la vida, su diversidad y tamaño. Como hoja en otoño mis certezas, que creía firmes y sólidas como el junco, cayeron y me dejaron en la nada. Esa nada misma que es tan pacífica y libre como desesperante y ambigua.
En la anomalía de estar a la deriva, trato de no pensar y que me apure el deber social, inclusive mi súper-yo. Pero sí que tengo un deber, la gente corre, las oportunidades pasan –al menos eso me dijeron- y yo parada, en la cima de la montaña, sintiendo ese viento puro, retrato exacto de la libertad, que tanto me costó alcanzar, sin saber para dónde apuntar ni qué escribir sobre la hoja en blanco que soy y que yo misma me encargué de borrar.

Naturaleza llama


En un mar de corrientes libres
En la cima de una montaña
Está ella de brazos abiertos

Un viento de libertad la abraza,
Le devuelve el aliento.
“ahora sí”, dice ella “ahora sí”

Las cadenas se rompieron, ella bailó
“no es más que una niña en cuerpo de mujer”
Como si le importara…

Libre como un pájaro
La niña anhela el vuelvo
Como perra en celo
Como animal sediento
No se deja llevar por el tiempo

La envidia la observa desde lo bajo
Piensa que se va a tirar
Ella le grita “¡Usted le teme a la libertad!”

Un mambo


En una noche ya de por si alcoholizada
Me vi sometida a aquella locura que la juventud suele emanar
Y entre copa y copa, como auge de primavera
El vinito florecía y me comencé a soltar


Iba merodeando el terreno
De locura y ebriedad
De liberación de uno mismo
Fruto de aquella sustancia sintética
Que suele dar que hablar


 Guiada por una fuerza impulsiva y emocional
Recordé la frase: “el borracho siempre dice la verdad”
Levanté mi mochila y comencé a andar
Dirigiéndome a aquél blanco que me hacía mambear


Cuestión de tiempo para que el arrepentimiento comience a molestar
Que como cable a tierra me mostró el mundo de la racionalidad
Y hondando por el camino de la verdad
Supe hallarme después de una noche de puro volar

Aquél río



Triste es la realidad de las apariencias
Triste es pensar que la imagen importa
Es limitarse según el qué-dirán.

¿Qué nos pasa hermanos?
¿Que nos pasó?
Y más importante,
¿Cuándo empezó?

¿Será aquella vez, cuando mamá contó de papa Noel,
que nos empezó a importar lo que el piense de cómo nos portamos?
¡Yo no quería recibir carbón!

¿O habrá sido aquella vez, cuando el cura nos dijo que Dios nos miraba desde arriba
que empezamos a limitarnos por lo que “el grande” pensará?
¡Yo no me quería quemar en el infierno!

No sé,
Pero aquella vez, cuando ni el cura ni mamá me dijeron de nada
Salí a caminar
Entre arbusto y sauce
Entre hierba y flor
Me encontré con un juncal
Aquel que me condujo a un rio nunca visto

Nada ni nadie me tuvo que explicar
La simple experiencia de vida me lo supo demostrar
Aquel rio no era uno normal
El rio de las certezas, algo me lo hizo llamar

Qué, cómo y cuándo
Mi súper-yo comenzó a atacar
“Esto no es lo que te enseño mamá”

Pero ahogado en mis propios impulsos
Avanzando con las fuerzas del ello
Vacío y descontento
Salí a naufragar
Y en un abrir y cerrar de ojos
Me vi a mi mismo inmerso
En la búsqueda por el rio de la verdad

Un destino, único final
Algo me dijo, lo pude sentir
Esta vez sí, me atrevo a decir
Con infinidad de certezas:
Vivir de las apariencias
No es vivir

Desarme


Desarme


En el centro de mi corazón
Un dolor punzante que me alienta al desarme
Desarmarme por dentro, por fuera
Desarmarme inclusive hacia los costados
Desarmarme


¿No es que lo que hice fue para mejor?
Y aun así se siente mal
Las contradicciones de la vida
La búsqueda insaciable de algo más


Un mambo loco de la cabeza
Ese que me hace confundir
Sin noción del espacio
Ni siquiera del tiempo
Se instala para aparentar que nunca se va ir


Me siento y miro lo pasado
Tal vez eso es lo que no está bien
Pero si de juicios de valor hablamos
Nos hundiríamos en el infinito precipicio de la subjetividad


Sentada pienso
Miro, observo
La carga emocional de aquellas palabras que hicieron sentir
En el centro de mi corazón
Ese dolor punzante que me alienta al desarme
Desarmarme por dentro, por fuera
Desarmarme inclusive hacia los costados
Desarmarme