Triste es la realidad de las apariencias
Triste es pensar que la imagen importa
Es limitarse según el qué-dirán.
¿Qué nos pasa hermanos?
¿Que nos pasó?
Y más importante,
¿Cuándo empezó?
¿Será aquella vez, cuando mamá contó de papa Noel,
que nos empezó a importar lo que el piense de cómo nos portamos?
¡Yo no quería recibir carbón!
¿O habrá sido aquella vez, cuando el cura nos dijo que Dios nos miraba desde arriba
que empezamos a limitarnos por lo que “el grande” pensará?
¡Yo no me quería quemar en el infierno!
No sé,
Pero aquella vez, cuando ni el cura ni mamá me dijeron de nada
Salí a caminar
Entre arbusto y sauce
Entre hierba y flor
Me encontré con un juncal
Aquel que me condujo a un rio nunca visto
Nada ni nadie me tuvo que explicar
La simple experiencia de vida me lo supo demostrar
Aquel rio no era uno normal
El rio de las certezas, algo me lo hizo llamar
Qué, cómo y cuándo
Mi súper-yo comenzó a atacar
“Esto no es lo que te enseño mamá”
Pero ahogado en mis propios impulsos
Avanzando con las fuerzas del ello
Vacío y descontento
Salí a naufragar
Y en un abrir y cerrar de ojos
Me vi a mi mismo inmerso
En la búsqueda por el rio de la verdad
Un destino, único final
Algo me dijo, lo pude sentir
Esta vez sí, me atrevo a decir
Con infinidad de certezas:
Vivir de las apariencias
No es vivir
No hay comentarios:
Publicar un comentario